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Este fragmento de película corresponde a “Onegin”, una maravilla protagonizada por Ralph Fiennes basada en la novela en verso Eugene Onegin de Alexander Sergeyevich Pushkin
¡Qué hermoso es contemplar el ritual de la preparación matinal y diaria de un Dandy!
Es natural para un Dandy no salir del vestidor hasta el mediodía, sobre todo si se trasnocha. Es fundamental tener un aspecto lozano y agradable antes de levantarse, y uno sólo puede mostrar al mundo una cara asentada y fresca si ha dejado pasar unas horas entre el despertar lamentable y la irrupción en el mundo exterior. Pero también porque hay que dedicar un tiempo considerable a una concienzuda y escrupulosa toilette. Lo mínimo es dedicar cada mañana dos horas generosas al cuidado y la apariencia personal. Y centrarse fundamentalmente en la higiene.
La mayor contribución de Brummell a la historia fue su obsesión por la higiene. Para él era una cuestión de orgullo no necesitar perfume: él no olía.
Una toilette perfecta comienza con un profundo cepillado de los dientes. Pieza a pieza, desde todos los ángulos, durante diez o quince minutos. Después, el afeitado escrupuloso, meticuloso, perfecto. Abundante agua en el aclarado y después examinar con un espejo de aumento la posible existencia de ningún pelo o vello que estropeen el resultado final. En caso de que algún molesto descuido apareciera ante nuestros ojos, es obligatorio usar unas pinzas para eliminar tan engorroso estorbo.
Con el pequeño adminículo en la mano, aprovecharemos para repasar nuestras cejas, nuestras orejas y nuestras narices. Ningún pelo fuera de sitio o en sitio equivocado. Semejante vergüenza no es propia de un Dandy.
Ducha. Lo mejor es proveerse de un sistema de ducha que nos permita regular caudal y forma de salida del agua. Lo ajustaremos a nuestras necesidades en función del instante del proceso. Una profunda limpieza del cabello con el producto que hayamos elegido, una exfoliación del cuerpo con un jabón delicado y, si fuera posible, ausente de perfume y la esponja marina, hasta que aparezca un ligero enrojecimiento de la piel. Hay que finalizar con un abundante aclarado con el agua a la temperatura que nos resulte idílica. Personalmente, gusto de terminar con unos minutos bajo el agua fría. Me ayuda a despertar y vigorizar mi cuerpo.
Tras la ducha, un masaje completo con aceite, friccionando todo el cuerpo para hidratarlo y recompensar nuestra piel tras la exfoliación a la que la hemos sometido. El aceite, unido a la película de agua que recubre nuestra piel, consigue una hidratación absolutamente maravillosa. Y salimos de la ducha envueltos en la maravillosa toalla, absorbente y mullida, que nos acompañará en los siguientes pasos de la toilette… Llega el momento del peinado. Tras retirar el resto de agua con la toalla, aplicamos una cuidadosa cantidad de crema de peinado. Ni mucha, ni poca. La justa. Con el cepillo o el peine, disponemos nuestro cabello sin demasiado cuidado, por el momento, pues debemos enfrentarnos al cuidado de nuestro rostro.
Debemos a la piel de nuestro rostro una compensación por la brutal agresión a la que le hemos sometido con el afeitado: una crema limpiadora jabonosa que nos libre de los restos y de las células muertas durante la noche. Otra vez agua abundante para retirarla. Secamos con cuidado. Y ahora, en función de nuestro día anterior, tomamos la decisión de hidratarnos. Una crema hidratante, la habitual, o una crema hidratante reparadora para deshacer los estragos de una noche apasionada o movida. Y quedan los ojos, los párpados, las bolsas. Una crema reafirmante es la mejor opción. E voila!!! Nuestra cara resplandece y está preparada para acometer un nuevo día en la máxima plenitud.
Terminamos de componer nuestro peinado, ayudándolo o no con un secador y, envueltos en nuestro albornoz de exquisito algodón egipcio, nos encaminamos al vestidor, a seleccionar las ropas con las que saldremos al vulgar mundo exterior. Siempre suelo cumplir con mi ritual diario envuelto en los acordes de alguna cantata de Bach, aunque confieso que algunos días me siento especialmente inclinado a oír algo de buen jazz. Lo dejo a vuestra elección, en esto, como en otras cosas, el gusto personal predomina.
Y es el momento de la elección del vestuario, pero esto lo dejo para una próxima entrada. Por el momento, es suficiente.
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